El Barbican Concert Hall es uno de los auditorios más exigentes del Reino Unido, con una programación que abarca desde música clásica y jazz hasta proyectos contemporáneos y spoken word. Con cerca de 2.000 localidades y un entorno acústico altamente transparente, cualquier decisión técnica tiene un impacto directo en el resultado artístico. En este contexto tuvo lugar la colaboración entre Soweto Kinch y la London Symphony Orchestra, que combinó concierto en directo y grabación de álbum en vivo.

La producción estuvo a cargo del ingeniero de sonido freelance Jack Jordan, quien se enfrentó al reto de equilibrar las exigencias de una grabación orquestal con la inmediatez y energía de un espectáculo híbrido contemporáneo. “No se trataba de reinventar la cadena de señal, sino de refinarla”, explica. “Eso fue posible gracias al nuevo sistema inalámbrico digital N-Series de DPA Microphones, acompañado por el micrófono de mano DPA d:facto 4018, que nos permitió mantener el sonido característico de DPA a lo largo de toda la transmisión inalámbrica”.

Este proyecto supuso la primera utilización del sistema DPA N-Series sobre el escenario del Barbican, un recinto que cuenta desde hace años con un amplio parque de micrófonos DPA. Para David Robinson-Strange, supervisor técnico del Barbican Centre, esa continuidad es clave: “Cuando trabajas de forma consistente con un mismo fabricante, sabes exactamente qué esperar. No hay sorpresas, y eso marca la diferencia en mezclas complejas”.

La actuación reunió voces, saxofón, sección rítmica y una orquesta de cuerda completa en un espacio reducido, lo que hacía críticos aspectos como el control de derrames, la estabilidad de ganancia y el nivel de ruido de fondo. Además, la cercanía de los micrófonos al sistema de PA y la grabación simultánea del álbum incrementaban la exigencia técnica.

El sistema N-Series también permitió a Jordan replantear su flujo de trabajo. “Normalmente el rack inalámbrico está detrás del puesto de mezcla, lo que obliga a usar pantallas adicionales o cableado extra para supervisar ajustes. En este caso pude tener el N-Series directamente en mi estación de trabajo, algo muy práctico desde el primer momento”. Sin embargo, el mayor impacto se percibió en el sonido.

El sistema ofrece una transmisión limpia de extremo a extremo, con una reducción perceptible del ruido de fondo. “No notas cómo desaparece el ruido, pero sí te das cuenta cuando ya no está ahí. En una actuación que se graba en directo, ese silencio es fundamental”, señala Jordan. El ingeniero también destacó el bajo nivel de ruido por manipulación y funciones pensadas para la realidad del directo, como el cambio silencioso de baterías.

En el apartado vocal, la combinación con el d:facto 4018 permitió superar cualquier preocupación inicial sobre plosivas o técnica de interpretación. “El resultado fue limpio y controlado, con la voz perfectamente protegida incluso con cuerdas y banda muy próximas”, afirma Jordan. Robinson-Strange coincide: “No es diferente por ser diferente. Todo tiene sentido”.

Más allá de las voces, la producción se apoyó de forma casi íntegra en micrófonos DPA para orquesta y sección rítmica, hasta el punto de que aproximadamente el 98 % del sistema de microfonía en directo pertenecía a la marca. Cuerdas, percusión, metales e incluso ubicaciones no convencionales compartieron una misma identidad sonora.

“Esa coherencia es especialmente importante en la sección de cuerdas”, explica Jordan. “Trabajar con una misma familia de micrófonos genera un escenario sonoro unificado y comprensible, en lugar de una mezcla de colores dispares. El resultado fue claridad sin frialdad y detalle sin distracciones”.

Tanto Jordan como Robinson-Strange destacaron también la construcción física de los transmisores N-Series, descritos como “sólidos y fiables”. En un entorno profesional donde los micrófonos están sometidos a manipulación constante, cambios de vestuario y transporte continuo, la robustez se convierte en un requisito operativo.

Para el Barbican, la experiencia con DPA N-Series reafirma una filosofía clara: la tecnología debe estar al servicio de la interpretación artística, aportando fiabilidad y precisión sin reclamar protagonismo.